lunes, 18 de julio de 2016

Agresiones sexuales. Reflexiones

1. Creo que es un problema muy grave, más incluso de lo que parece. Caí en la cuenta al preguntar abiertamente a varios grupos de personas de confianza y, en todos ellos, casi la mitad de los "encuestados" manifestaron que habían sido agredidos sexualmente, sobre todo en su infancia, sin diferencias apreciables entre mujeres y varones.

2. Casi todas las personas agredidas no comentaron lo sucedido con nadie: ni con amigos, ni con la familia, ni a la policía. Ser agredido produce vergüenza. Los psicólogos explican las razones. Por eso, hay que gritar bien fuerte lo que parece evidente: ninguna víctima tiene la culpa, ninguna: diga lo que diga, vista como vista... Ninguna culpa.

3. Muchas veces estas conductas se explican, con razón, desde el modelo "varones abusan de mujeres". Los varones, amparados en nuestra fortaleza física y en una historia machista multisecular, tendemos a dominar, a ser más violentos. En este sentido, la educación debe seguir ayudándonos a corregir esta tendencia maldita, que perjudica a las mujeres y a los mismos varones.

4. Sin embargo, para entender esta realidad hay que recurrir, además, a otro modelo: "Los que se creen fuertes abusan de los débiles". Me refiero a los poderosos en razón de su fuerza física, de su posición social, de su dinero... Este modelo explica mejor el hecho de que los que más agresiones sexuales sufren son las mujeres, los niños y los pobres. Esta realidad reclama un compromiso de luchar por la dignidad y la igualdad de todas las personas y, además, por dar poder a las posibles víctimas, a fin de que puedan enfrentarse a los que se creen fuertes y abusan.

5. Voy a compartir una última reflexión, más discutida que las anteriores, que tiene que ver con el modelo de sexualidad predominante en la sociedad. Creo que hemos reducido la sexualidad a un juego y la hemos desvinculado del amor y del compromiso. Las calles y la televisión están plagadas de imágenes y mensajes eróticos, con el fin de hacernos comprar un coche, unas zapatillas o cualquier otra cosa. Por eso, pienso que no podemos esperar que una sociedad que estimula tanto los instintos sexuales de sus ciudadanos sea una sociedad sexualmente sana. No propongo volver al modelo “todo es pecado”; propongo una educación sexual vinculada al respeto, al amor y al compromiso.

Como siempre, dispuesto a aprender de vuestras críticas y de todos vuestros comentarios.