sábado, 24 de febrero de 2018

El samaritano se mete en política

Ya sabéis la historia... Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto.

Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita, que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.

Pero un samaritano, que iba de viaje, llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció y, acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó.

Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva".

Hasta aquí la parábola de Jesús. ¡Preciosa, sin duda!

Cuentan que, al cabo de un mes, el samaritano volvió a pasar por el mismo camino y -otra vez- se encontró a una persona malherida y, como tenía buen corazón, lo curó y lo cuidó como al primero.

Poco tiempo después, le ocurrió lo mismo. Y esta vez, además de curar y cuidar al apaleado, empezó a pensar: ¿qué ocurre aquí? ¿por qué hay tanta gente a punto de morir, al borde en de este camino? Y empezó a tirar del hilo hasta que descubrió la razón de tanta desgracia. Y se puso manos a la obra para evitar tanto sufrimiento.

Pasamos de la historia a la realidad. Hoy, entre el mundo, en nuestra ciudad y quizá entre nuestra familia, hay mucha gente tirada al borde de camino. En algunos lugares, la mayoría.

Hay personas que pasan de largo. No tienen tiempo. Piensan sobre todo en ellas, en sus cosas, en sus rezos, en sus aficiones, en sus luchas, en sus proyectos.

También hay buenos samaritanos, una muchedumbre de mujeres y hombres buenos, niños, jóvenes, adultos y ancianos, que saben romper sus planes y están cerca de quienes han perdido el trabajo, la salud, la alegría... Algunos curan y cuidan a los demás, porque ellos un día también fueron atendidos. Otros se organizan para ser servir más y mejor. ¡Benditos samaritanos! ¡Gracias a esta gente el mundo todavía tiene sabor a pan tierno!

Algunos samaritanos, además de curar y cuidar, también se preguntan qué está pasando aquí: ¿por qué hay tanta gente sin nada, tanta gente tirada, tanta gente pasando hambre, si hay recursos para todos? ¿por qué las mujeres siguen siendo discriminadas? ¿Porque nuestra tierra está tan contaminada?  ¿Por qué se descartan a tantas personas? Y descubren que, para que cambiar esta realidad, hace falta cambiar leyes, educar de una manera distinta y hacer muchas cosas más, para taponar la hemorragia de la injusticia.

Unos pocos se metieron en partidos políticos. ¡Qué duro, cuántos disgustos, pero que necesario! Otros decidieron participar en toda clase de asociaciones, para ir cambiando la realidad más cercana. Y de esta manera, algunos -todavía pocos- samaritanos se van metiendo en política. No por rencor, sino por amor a quienes sufren. No para luchar contra "los otros" y a favor de "los míos", sino para buscar el bien común. No para trabajar al servicio del partido, del sindicato o de la asociación, sino para poner al partido, al sindicato o a la asociación al servicio de todos y, de forma especial, de los que están caídos al borde del camino.

Estos samaritanos y samaritanas convierten a la política en "la forma más elevada del amor", como dijo Pablo VI.

1 comentario:

Araceli dijo...

¡Que necesario es que haya más gente honesta entre los políticos! Pero también hace falta que el que demuestra esa buena voluntad, sea acompañado por el grupo de referencia, de lo contrario se verá absorbido por la ideología del partido, sindicato o asociación. Por experiencia

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