domingo, 29 de enero de 2017

Mensajes ofensivos contra la familia Bosé

Si mal me parecieron los mensajes ofensivos por la muerte de un torero, muy mal me parecen lo que estos días podemos estamos leyendo con motivo de la muerte de Bimba Bosé.

Es una pena que todavía haya tanta gente que valore más sus ideas que la dignidad de merece toda persona humana.

Y como sacerdote, me gustaría decir dos cosas:

1. Dios, como el mejor padre, como la mejor madre, ama a todos sus hijas e hijos, tengamos los gustos que tengamos, hagamos lo que hagamos, digamos lo que digamos, seamos como seamos. Nos abraza a todos con infinita ternura y a todos nos señala caminos de superación, para que seamos felices, plenamente felices.

2. Decir que una persona ha muerto a causa de sus pecados es tomar el nombre de Dios en vano (segundo mandamiento), es utilizar a Dios para hacer daño. No sólo han hablado mal de Bimba Bosé; han hablado mal de Dios, al que teóricamente defienden.

Qué Dios dé a Bimba Bosé la paz, a su familia consuelo, y a todos un poquito de respeto y humanidad.

lunes, 28 de noviembre de 2016

México. Memoria agradecida de un viaje inolvidable

Un sueño hecho realidad

En mi adolescencia, ya sentí, Señor, la inquietud de conocer Latinoamérica: sus gentes, sus problemas, su esperanza, su iglesia... El testimonio de los misioneros que venían al instituto, las noticias que llegaban de aquella tierra, los libros que pude leer… hicieron que, poco a poco, me enamorara de aquella tierra y de aquella iglesia, aún sin conocerla directamente. 

Recuerdo bien –y eso que mi memoria es flaca– la gran emoción que sentí al ver, en un autobús, la película “Romero”. Después de tantos años, no puedo contener las lágrimas, cuando leo o escucho las palabras de este gran arzobispo salvadoreño: “En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”. 

También me tocó mucho el corazón el testimonio del jesuita Ignacio Ellacuría. De vez en cuando, lo entrevistaba Javier González Ferrari en la Cope. El religioso había recibido muchas amenazas y, pocos días antes de ser asesinado, el periodista le preguntó: “¿No teme usted a la muerte?”. Su respuesta fue preciosa. No la recuerdo exactamente, pero vino a decir: “No tengo miedo a la muerte, pero soy prudente. No cualquier hecho o cualquier palabra mía merecen el martirio”. Pocos días después, se grababa en mi corazón la imagen de su cuerpo muerto, junto a los de sus compañeros y sus colaboradoras, en los exteriores de la Universidad Centroamericana. Corría el año 1989. 

Gracias, Señor, por el testimonio de tantas personas que, a lo largo de mi vida, han despertado mi deseo de conocer, de vivir, de creer, de entregar mi vida al servicio de los demás. 

Esta inquietud de conocer Latinoamérica no se ha apagado jamás, pero nunca se había podido concretar, hasta este verano. Pensé en conocer Cochabamba (Bolivia), pero no pudo ser. El proyecto de viajar a Ríobamba (Ecuador) tampoco prosperó. También barajé la posibilidad de participar en el proyecto del Movimiento Rural Cristiano de Monegros en Ocotal (Nicaragua) o la Diócesis de Holguín (Cuba). 

La cuestión es que, al final, con la mediación de Mons. Jorge Carlos Patron, el pasado mes de septiembre, pude cumplir mi sueño… en Yucatán (México). Gracias, Señor, por todas las personas que me han abierto las puertas de su casa en tantos lugares. Gracias a los que me habéis ayudado a discernir y a hacer realidad este deseo acariciado durante tantos años. 


Comienza la aventura

A las 4 de la tarde del viernes 9 de septiembre comenzaba un largo viaje: autobús a Fiumicino (16-17 h), avión a Madrid (19-21:45 h), avión a México DF (23:45 h en España – 4:15 h en México), avión a Mérida (8:45-10:30 h), coche a Chicxulub. Más de 24 h de viaje y sin compañía. 

Sin embargo, me sentí el más feliz de todos los pasajeros de los cuatro aeropuertos que pisé. La ilusión me rebosaba. Aproveché los momentos de espera para rezar y para decir a bastantes personas lo mucho que las quiero. No me lo podía callar. Me sentí muy afortunado, al estar cumpliendo un sueño y, aunque estaba solo, muy arropado y querido, por tantas personas a las que también yo quiero de verdad. 

Gracias, Señor, por esos momentos tan entrañables. 


Comunidades vivas

En el aeropuerto de Mérida, capital de Yucatán, me esperaban Miriam y Jacobo. Recién llegado a Chicxulub fui acogido como un hermano por el P. Cristhian Caceres, el párroco de Chicxulub Puerto, Chicxulub Pueblo e Ixil, que me abrió las puertas de sus comunidades, de sus amigos y de su familia. En cuanto pude y a pesar del cansancio del viaje, escribí en facebook: “Ya os contaré. De momento, sólo os digo que los marcadores de alegría y la ilusión están a punto de petar!!!” 

Me gustaría, Señor, recordar ante ti, con un corazón preñado de gratitud, los nombres de todas las personas que pude conocer: catequistas, voluntarios del dispensario y del comedor, ministros, jóvenes, secretarias, sacristanes, monaguillos, responsables de equipos pastorales, grupos de liturgia, feligreses y vecinos, que me mostraron su sonrisa y me saludaron, desde el primer día, como si fuera de casa. Gracias, Señor. 

La fe compartida nos acercó, nos hizo sentir hermanos y hermanas en un solo encuentro. La fe hace posible que puedas comentar, al que hasta ayer era un desconocido, tus problemas y esperanzas. La fe hace posible que puedas salir a pasear y a cenar con un grupo de jóvenes, al que no conocías hace unas horas. ¡Qué buenos momentos disfrutamos gracias a la fe compartida! 

Te doy gracias, por haber palpado comunidades donde se vive la corresponsabilidad, donde los consejos parroquiales no sirven para decidir lo que el sacerdote tiene que hacer, donde los responsables de cada equipo o de cada sector pastoral ejercen como tales. Emociona ver a los jóvenes al lado de personas mayores, todos con sus cuadernos y bolígrafos, apuntando los acuerdos y las tareas encomendadas a cada uno. Impresiona ver a los jóvenes responsables de la catequesis de confirmación organizar las actividades con los chavos y, además, programar actividades para financiar dichas actividades. Gracias, Señor, por su trabajo y su testimonio. 

Te doy gracias por esas celebraciones vivas, las de los domingos y las de los días de cada día. Me impresionó cómo las mujeres cantaban todos los días el salmo responsorial. Cantaban bien y cantaban rezando o rezaban cantando. En esas Misas se ve claro que no sólo celebra el sacerdote, celebra toda la comunidad: los grupos de liturgia organizan y animan la participación de todos, los coros (¡varios en cada parroquia!) actúan, pero la gente no se conforma con escucharles y cantan. Debes de disfrutar mucho, Señor, en esas misas en las que tu pueblo de da gracias por Cristo, con Él y en Él. Además, ¡con qué devoción presiden algunas celebraciones y distribuyen la comunión los ministros, mujeres y hombres, de cada comunidad! ¡Mucha más devoción que yo! 

Dediqué muchas horas a confesar. Me pareció que es una de las riquezas de la fe de los yucatecos. Muchos se confiesan cada mes. De esta manera, no dejan que su espalda se vaya cargando de pesos inútiles, que su corazón y su sonrisa se arruguen tanto, que resulte difícil recuperar la alegría. ¡Gracias, Señor, por todos los testimonios de fe que recibí! ¡Gracias por poder ser testigo de cómo tu perdón disipa pesadillas y despierta sueños! 

Otra de las riquezas de la fe de los yucatecos es el amor a la Palabra de Dios, que leen en sus casas y aprenden en las catequesis y en las celebraciones. ¡Con qué familiaridad manejan muchos niños, jóvenes y mayores la Biblia! Visité un grupo de catequesis de niños; estaban leyendo y comentando la primera carta de San Juan, capítulo 4, y se me ocurrió preguntarles: “Hay que ser buenos para que Dios nos quiera, o hay que ser buenos porque Dios nos quiere”. Sin dudar un momento, respondieron: “hay que ser buenos porque Dios nos quiere”. ¡Qué bien habían aprendido, en la Biblia, que Dios nos quiere siempre, hagamos bien o mal, nos acerquemos o nos alejemos de Él! A mí me costó mucho más tiempo entender esta verdad esencial de nuestra. 

Junto con la confesión y el amor a la Palabra de Dios, quizá la principal fortaleza de la fe de ese pueblo es la Virgen de Guadalupe. En las casas más pobres que visité no faltaba una imagen de la Virgen de Guadalupe. Se dice que en México no todos son católicos, pero todos son guadalupanos. Y puede ser. El taxista que me llevó a la Basílica de Guadalupe llevaba a la Virgen junto al cuentakilómetros. En la conversación que mantuvimos, me explicó que pertenecía a otra religión, pero rezaba todos los días a la Virgen. Está visto que las madres inspiran más confianza que los padres. Y la Virgen de Guadalupe recuerda a los mexicanos: “¿No estoy aquí yo, que soy tu madre?”. 


La fe contra la injusticia

En las confesiones y en otros momentos de escucha, pude conocer de primera mano el sufrimiento que provocan, fundamentalmente, las grandes desigualdades sociales y el machismo atroz. 

Las desigualdades sociales que percibí son tremendas. Nunca había visto casas tan pobres y mansiones tan lujosas; triciclos y coches de desguace junto a automóviles de altísima gama, aparcados en la misma calle. Me atreví a preguntar a bastantes personas cuánto ganaban al mes. Las respuestas oscilaban entre los 100 los 400 €. Los precios pueden estar a la mitad que en España, pero los sueldos son cinco veces más bajos. Una maestra tiene que buscar otro trabajo, si quiere sacar adelante a su familia, sin ningún lujo. Un guía nos contó que tenía que estar todo el día en su puesto de trabajo, pero sólo cobraba (muy poco), si llegaban visitantes. Por otra parte, a través de los entierros que hice, me puede enterar de que, en la práctica, mucha gente no se jubila. Casi todos los funerales que hice fueron de ancianos, que estuvieron trabajando hasta pocos meses antes de morir. 

Frente a estas realidades, me acordé muchas veces de lo que escribió, hace ya muchos años Juan Pablo II: “los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la «política»; es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común. Como repetidamente han afirmado los Padres sinodales, todos y cada uno tienen el derecho y el deber de participar en la política, si bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles, tareas y responsabilidades. Las acusaciones de arribismo, de idolatría del poder, de egoísmo y corrupción que con frecuencia son dirigidas a los hombres del gobierno, del parlamento, de la clase dominante, del partido político, como también la difundida opinión de que la política sea un lugar de necesario peligro moral, no justifican lo más mínimo ni la ausencia ni el escepticismo de los cristianos en relación con la cosa pública” (CL 42). 

Señor, suscita en el corazón de los cristianos y de todas las personas de buena voluntad el deseo de cambiar esa realidad tan injusta. Que nadie crea que las cosas son así, porque Tú así lo has dispuesto. Qué crezca la esperanza de que esas situaciones injustas pueden cambiar. Qué desaparezca esa creencia de que la política es sólo el lugar de personas corruptas. Suscita, Señor, más vocaciones a la vida laical comprometida, desde la Doctrina Social de la Iglesia. 

Por otra parte, el machismo que había conocido en Europa allí lo encontré multiplicado por mucho. Las mujeres son las que, mayoritariamente, animan y sostienen la vida social y religiosa de los pueblos, con la colaboración de muy pocos hombres. Ellas son las principales transmisoras de la fe en las familias y parroquias. Ellas padecen de forma especial los efectos de la injusticia, la pobreza y la violencia en el hogar. Ellas se encargan, generalmente, con mucho sacrificio y cariño, de los hijos; sobre todo cuando sus maridos toman demasiado alcohol, abandonan la casa familiar o se dedican únicamente a ganar dinero. También hay hombres buenos y mujeres irresponsables. Está claro. De hecho, todas las personas tenemos nuestra parte de bondad y nuestra parte de irresponsabilidad. Pero la realidad no se debe esconder. 

En México vi todavía más claro que la lucha por los derechos de las mujeres debería ser una prioridad en las administraciones públicas, en la Iglesia y en cualquier persona -mujer o varón- de buen corazón. Podemos estar en contra de determinados tipos de feminismo o de ciertas ideologías de género, pero no podemos estar al margen del trabajo por los derechos de la mujer. 

Francisco ha escrito: “La idéntica dignidad entre el varón y la mujer nos mueve a alegrarnos de que se superen viejas formas de discriminación, y de que en el seno de las familias se desarrolle un ejercicio de reciprocidad. Si surgen formas de feminismo que no podamos considerar adecuadas, igualmente admiramos una obra del Espíritu en el reconocimiento más claro de la dignidad de la mujer y de sus derechos” (AL 54). El reconocimiento teórico y práctico de la dignidad de la mujer es obra del Espíritu… y debería ser también la nuestra. 

¡Señor, que no pasemos de largo frente al sufrimiento de la mujer! ¡Qué no falten predicadores que anuncien lo que este Papa nos ha recordado! 


Disfrutando de la Creación, la cultura y el corazón humano

La inmensa llanura de la península de Yucatán, el mar del Golfo de México y la ciénaga de Chixchulub me regalaron amaneceres y atardeceres preciosos. Allí no está la Sierra de Guara para reflejar los colores de los primeros y últimos rayos del sol; pero a paleta de colores de los cielos yucatecos enamora: rojizos, rosados, grisáceos, violetas... Frente a los gritos de la violencia que se elevan desde tantos puntos de ese gran país, Tú, Señor, desde la naturaleza, en Chicxulub y en cualquier rincón del mundo, aquietas los corazones y susurras una sola palabra: ¡paz! 

Dediqué los lunes, que cierran las parroquias, y los dos últimos días antes de volver a Roma a la cultura. Visité dos lugares muy conocidos e impresionantes: las ruinas mayas de Chichén Itza y las aztecas de Teotihuacán; también pude ver los restos mayas de Dzibilchaltún, las grutas de Calcehtok y las ciudades de Mérida y México DF. En la capital pude visitar el museo más bonito que hasta ahora he contemplado: el Museo Nacional de Antropología. ¡Cómo ayuda a abrir la mente, a valorar “lo tuyo”, sin despreciar “lo de los otros”; a darte cuenta de que el encuentro entre culturas enriquece mucho más que la conquista! ¡Gracias por la oportunidad de conocer un poquito culturas tan impresionantes! 

No pensaba encontrarme con nadie conocido en México. Sin embargo, pude disfrutar allí con tres amigos españoles muy entrañables: Daniel Antón, con quien había compartido algunos campamentos de verano, Pitxu Sanmartín, amiga y hermana de una de mis mejores amigas, y Jesús Rico, el que fuera vicerrector en mi primer curso del Seminario de Zaragoza. ¡Qué charradas tan sinceras, a pesar de no compartir todos los planteamientos! Una vez más comprobé que es más importante el “con quién” que el “dónde” o el “qué”. Señor, gracias por ellos y por tanta gente entrañable con la que me he encontrado a lo largo de la vida. 

Gracias, Señor, por los yucatecos y su forma de ser. Hablan el mismo idioma que los españoles, pero, con su tono y sus modos suaves, convierten las palabras en caricias. Tienen más motivos que los europeos para amargarse y, sin embargo, sonríen más que nosotros. Te dan mucho más de lo que les puedes ofrecer, pero no pierden oportunidad para agradecerte cada detalle desmesuradamente. En este sentido, no puedo olvidar mi sorpresa y mi gratitud ante la fiesta de despedida que organizaron en la Parroquia de Chicxulub Pueblo, con poemas, bailes regionales, comida típica y, sobre todo, cariño, toneladas de cariño. En pocos días, se ganaron el corazón de este conquistador conquistado. ¡Qué Diosito me los acompañe y me los cuide a todos! 

Gracias, Señor, por la belleza del corazón humano, muchísimo más precioso que el amanecer o el atardecer más impresionante; ese corazón humano, capaz de amar hasta dar la vida, de esperar contra toda esperanza, de creer que Dios hace posible lo que parece imposible; especialmente gracias por el corazón de los niños y las niñas que, como Katya y Mary, con las que puede compartir su fiesta de cumpleaños, a la que se unieron muchos niños de Huesca, a través de un video precioso. 


Ultima acción de gracias

Termino esta memoria agradecida, Señor, por los momentos de oración. Tú sabes que en algunos momentos tengo que “obligarme a rezar”. En Yucatán surgía espontáneo el deseo de estar contigo, para agradecerte tanto, para compartir contigo la impotencia ante tantas situaciones injustas, para dar gracias por el coraje de tantas personas que, apoyadas en una fe más grande que sus dificultades, luchan por sacar adelante sus familias y por ayudar a quienes están peor que ellos. 

Una mañana, rezando frente al mar, al lado de tres pescadores que preparaban sus aparejos, recordé y recé está oración, que vuelvo a dirigirte con confianza: “Señor, nuestras barcas son pequeñas, tu mar es inmenso, tu amor es todavía más grande”. 

Gracias, Señor, por esta experiencia; por la posibilidad de compartirla en directo, via wasap y facebook, con mi familia y amigos de España; por esta reflexión-oración, que tantos sentimientos hermosos ha despertado; y por todas las bendiciones que no haya sabido percibir y agradecer. Y, si es tu voluntad, ¡qué pueda repetir pronto! Amén. 

Nota: Se me olvidaba contar que pasé mucho calor. Pero, no importa. ¡Bendito calor!


viernes, 28 de octubre de 2016

¿Por qué sufrimos? Reflexiones desde el Antiguo y el Nuevo Testamento

Una de las experiencias que más hace pensar, tanto a creyentes como a no creyentes, es el sufrimiento, propio y ajeno.  Ante esta realidad, nos preguntamos: ¿por qué?

Para tratar de encontrar alguna respuesta a esta cuestión tan honda y tan humana, tenemos que distinguir, al menos, cuatro tipos de sufrimiento:

1. Hay sufrimientos que nos los causamos nosotros mismos: no cuidamos nuestra salud y caemos enfermos; damos rienda suelta al egoísmo, a la envidia, al rencor… y sufrimos. En cierto sentido, aquí se cumple aquello de que “en el pecado se lleva la penitencia”.

2. Algunos sufrimientos nos vienen de fuera. Sufrimos a causa de las injusticias que hay en el mundo y por culpa de personas que, voluntaria o involuntariamente, insultan, pegan, desprecian, injurian, matan...  

3. Otros sufrimientos son producto de factores que no podemos controlar, de la mala suerte: una caída tonta puede causar un daño irreparable, un joven deportista enferma de cáncer, un accidente de carretera, un terremoto…

4. Finalmente, hay sufrimientos que asumimos voluntariamente para favorecer a los demás: los padres sacrifican mucho, a veces con dolor, por amor a los hijos; hay personas que son capaces de asumir enormes privaciones, incluso la muerte, para construir un mundo mejor. El ejemplo más claro es Jesús, que sufre por amor, para instaurar en este mundo el Reino de Dios: la paz, la justicia, la fraternidad…

Hemos dado algunas respuestas a la pregunta original: ¿Por qué sufrimos? Aunque son claramente insuficientes, nos pueden ayudar a reconocer las fuentes de nuestro sufrimiento, a disminuirlo o a asumirlo.

Pero, no quedamos satisfechos. Queremos ahondar más y nos preguntamos: ¿por qué hacemos lo que nos perjudica? ¿por qué hacemos daño a los demás? ¿por qué somos tan débiles que un mal paso nos puede lastimar? ¿por qué hay que sufrir tanto para mejorar el mundo?

Los creyentes, también los cristianos, dirigimos a Dios estas preguntas, a veces con serenidad, otras veces con rabia: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué nos abandonas en la duda, en el miedo, en la impotencia? ¿Por qué te callas, Dios, por qué te callas delante de la injusticia? ¿No te importan los hijos que engendraste? ¿No te importa tu Nombre? (De las Siete Palabras de Pedro Casaldáliga).

En el fondo, creemos que sufrimos por culpa de Dios: porque Él nos manda sufrimientos, porque los permite, porque nos ha creado demasiado frágiles, porque ha hecho un planeta que tiene poco de paraíso…


Acudimos a la Palabra de Dios y encontramos nuevas respuestas:

1. El libro de Job nos enseña que el sufrimiento es un misterio tan grande que nunca podremos comprender del todo; como no podemos comprender completamente la personalidad de una persona o el misterio de la vida.  Es significativo que el diálogo que mantiene Job con Dios termine con estas palabras: hablé de cosas que ignoraba, de maravillas que superan mi comprensión (Jb 43,2).

2. El libro de Job nos dice claramente que el mal y el sufrimiento no son un castigo de Dios a las personas que pecan. Los amigos de Job quieren convencerlo de que sufre a causa de sus pecados: ¿Recuerdas a un inocente destruido? ¿Has visto a los justos exterminados? Yo he visto que quienes labran maldad y siembran desgracia, las cosechan. (Jb 4,7-8). Al final, Dios mismo reprende a los amigos de Job porque no han hablado bien de Dios (Jb 42,7), porque le echan la culpa de los sufrimientos de Job.

Esta misma idea la encontramos en el Nuevo Testamento. Por ejemplo en Juan 9 1: Al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres».

Por tanto, nunca debemos decir: “Dios te ha castigado” o “Dios me ha castigado”. Podemos cometer una gran injusticia contra el que sufre o contra Dios.

3. Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo dejan claro que Dios está cerca del que sufre. Permite el sufrimiento, pero está cerca del que lo padece.

En Éxodo 3,7-8, dice Dios: He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlo de los egipcios.

En Deuteronomio 10,17-19 leemos:  el Señor, vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, el Dios grande, fuerte y terrible, que no es parcial ni acepta soborno, que hace justicia al huérfano y a la viuda, y que ama al emigrante, dándole pan y vestido. "Amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto".

Jesús, el Hijo de Dios, en el Nuevo Testamento nos muestra que el amor de Dios está dirigido a todos, pero especialmente a los que más sufren. Jesús acoge a los pecadores y come con ellos (Lc 15,2). Está cerca de mujeres y niños, especialmente de viudas y huérfanos, tan vulnerables; de los excluidos por lepra y de todos los enfermos; de los odiados publicanos y de las despreciadas prostitutas…

Para sentir esta cercanía de Dios no hay mejor camino que la oración. Presentar a Dios el dolor de nuestro corazón y el sufrimiento de los hermanos, con toda sinceridad, sin ocultar ningún sentimiento, nos ayuda a alcanzar la paz y la esperanza, que con tanta facilidad perdemos en los peores momentos.

4. Por tanto, la respuesta de Jesús (y de Dios Padre) ante el mal que sufren tantas personas no son palabras; es un compromiso de estar cerca y aliviar a quien sufre. Es la actitud de Jesús y debe ser la actitud de todos los cristianos.

Mirando a Jesús aprendemos que Dios no es la causa de nuestros sufrimientos. Es el que está a nuestro lado, compartiendo nuestro dolor, luchando contra el pecado, el mal y todo lo que nos hace sufrir.

Jesús nos invita a salir de la espiral de violencia, que tanto sufrimiento provoca, y a asumir un nuevo estilo de vida: Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor (Mt 20,25-26).

Es más, no podremos encontrar a Dios si no lo buscamos también en aquellos que sufren hambre, sed, enfermedad, injusticia... Dios está en ellos: Tuve hambre y me disteis de comer, dice Jesús (cf. Mt 25, 31-46).

5. Ya el libro del Génesis nos dice que el bien es más fuerte que el mal, porque el bien procede de Dios y el mal no. No son dos fuerzas equilibradas. El bien es más fuerte, aunque a veces parezca lo contrario. Por tanto, hay esperanza.

También Jesús, con su vida, muerte y resurrección nos muestra que el amor es más grande que el dolor, y la vida más fuerte que la muerte. Algún día serán destruidos el mal, la mentira, el sufrimiento; sólo permanecerán el bien, la verdad, la alegría. Esta victoria es obra de Jesucristo, con su entrega total, y de las personas de buena voluntad de todos los tiempos que, a pesar de sus limitaciones y pecados, se dejan la piel amando y construyendo una humanidad más humana y más justa.

Entonces comprobaremos que ningún esfuerzo y ningún sacrificio hechos con amor, ni uno solo, ha caído en saco roto. Dios los ha recogido, bendecido y multiplicado. Entonces, sólo entonces, seremos plenamente felices, plenamente hermanos, plenamente hijas e hijos de Dios.

Jesucristo nos anima a ir haciendo realidad en esta tierra la vida nueva y eterna que nos espera junto a Dios Padre. Con su cercanía y su fuerza lo conseguiremos.

sábado, 22 de octubre de 2016

¿Jubileo de la Misericordia descafeinado?

Tengo la impresión de que estamos descafeinando este jubileo. Confesarse ayuda mucho. Atravesar por la puerta santa de la misericordia es muy significativo, experimentar la indulgencia de Dios es bueno, peregrinar como comunidad a una Catedral o a un templo jubilar es muy provechoso... Son medios que hemos de saber valorar y aprovechar. Pero ¿no tendríamos que ir un poco más allá?
Las parroquias, asociaciones, congregaciones, asociaciones, grupos... ¿hemos hecho una reflexión sincera para ver si nuestra organización interna, nuestras celebraciones, comunicaciones y actividades transmiten la misericordia de Dios? Cada cristiano y cada institución eclesial, ¿hemos pensado seriamente qué vamos a cambiar y qué podemos hacer para que, como dice el Papa Francisco, la misericordia sea la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia? A veces parece que el Papa predica sin descanso, con la palabra y con el ejemplo. Y nosotros... a lo nuestro, a lo de siempre; ¡qué cambien otros! Ojalá estemos a la altura del desafío y la oportunidad que el Papa nos ha planteado y ofrecido.

lunes, 18 de julio de 2016

Agresiones sexuales. Reflexiones

1. Creo que es un problema muy grave, más incluso de lo que parece. Caí en la cuenta al preguntar abiertamente a varios grupos de personas de confianza y, en todos ellos, casi la mitad de los "encuestados" manifestaron que habían sido agredidos sexualmente, sobre todo en su infancia, sin diferencias apreciables entre mujeres y varones.

2. Casi todas las personas agredidas no comentaron lo sucedido con nadie: ni con amigos, ni con la familia, ni a la policía. Ser agredido produce vergüenza. Los psicólogos explican las razones. Por eso, hay que gritar bien fuerte lo que parece evidente: ninguna víctima tiene la culpa, ninguna: diga lo que diga, vista como vista... Ninguna culpa.

3. Muchas veces estas conductas se explican, con razón, desde el modelo "varones abusan de mujeres". Los varones, amparados en nuestra fortaleza física y en una historia machista multisecular, tendemos a dominar, a ser más violentos. En este sentido, la educación debe seguir ayudándonos a corregir esta tendencia maldita, que perjudica a las mujeres y a los mismos varones.

4. Sin embargo, para entender esta realidad hay que recurrir, además, a otro modelo: "Los que se creen fuertes abusan de los débiles". Me refiero a los poderosos en razón de su fuerza física, de su posición social, de su dinero... Este modelo explica mejor el hecho de que los que más agresiones sexuales sufren son las mujeres, los niños y los pobres. Esta realidad reclama un compromiso de luchar por la dignidad y la igualdad de todas las personas y, además, por dar poder a las posibles víctimas, a fin de que puedan enfrentarse a los que se creen fuertes y abusan.

5. Voy a compartir una última reflexión, más discutida que las anteriores, que tiene que ver con el modelo de sexualidad predominante en la sociedad. Creo que hemos reducido la sexualidad a un juego y la hemos desvinculado del amor y del compromiso. Las calles y la televisión están plagadas de imágenes y mensajes eróticos, con el fin de hacernos comprar un coche, unas zapatillas o cualquier otra cosa. Por eso, pienso que no podemos esperar que una sociedad que estimula tanto los instintos sexuales de sus ciudadanos sea una sociedad sexualmente sana. No propongo volver al modelo “todo es pecado”; propongo una educación sexual vinculada al respeto, al amor y al compromiso.

Como siempre, dispuesto a aprender de vuestras críticas y de todos vuestros comentarios.

domingo, 10 de abril de 2016

La alegría del amor

Comparto algunos subrayados de la reciente EXHORTACIÓN SOBRE LA FAMILIA, del Papa FRANCISCO, para despertar el apetito de leerla entera.
Con esta Exhotación Apostólica, Francisco no va a contentar del todo a nadie, pero a todos nos puede hacer bien, a poco abiertos que estemos.
Es más, me atrevo a decir que puede convertirse en el documento pontificio que haga un mayor bien a personas y familias, por sus contenidos claros, concretos, prácticos...

AMOR Y MATRIMONIO
67. El Concilio Ecuménico Vaticano II definió el matrimonio como comunidad de vida y de amor, poniendo el amor en el centro de la familia [...] El “verdadero amor entre marido y mujer” implica la entrega mutua, incluye e integra la dimensión sexual y la afectividad, conformemente al designio divino (cf. 48-49).

martes, 5 de abril de 2016

Respetar, apoyar y agradecer a los políticos

Tengo la suerte de tener conocidos, amigos y muy amigos en casi todos los partidos políticos. En general, creo que son gente honrada, por encima de la media, y que se han comprometido en política con la mejor intención, con el objetivo de mejorar la sociedad.

Cuando hablo con ellos, me doy cuenta de que hasta las posturas que considero más equivocadas y negativas tienen una cierta lógica y, normalmente, son defendidas porque se consideran positivas para la sociedad. Dos ejemplos: no creo que la derecha defienda la reforma laboral para fastidiar a los trabajadores, ni que la izquierda promueva el aborto para matar seres humanos.